(Haciendo uso de mi libertad de expresión)
George Orwell, en 1984, describió un futuro caracterizado por la manipulación de las masas a través de los medios de comunicación. Todas las personas servirían a un único partido político y rebelarse contra él tendría graves consecuencias. Hacerlo sería una tarea casi imposible, porque el Gran Hermano tendría cámaras y monitores en todas partes. Durante los dos minutos de odio, la gente se sentaría ante una enorme telepantalla y observaría, atentamente, imágenes en las que se potenciaría el odio contra una figura política, Goldstein, líder de un ejército de insurgentes. Incluso aquellas personas que no eran partidarios del Gran Hermano se levantarían de sus asientos y gritarían encolerizados contra aquella persona. ¿Para qué serviría aquello? Para cohesionar el grupo contra un enemigo común. Todos caerían en un estado de éxtasis y se verían empujados a temer, odiar y, por último, buscar protección. Otros muchos eran los mecanismos que se utilizaban para tener a la población controlada, sin embargo, me interesa sobretodo este.
Suelo encender la televisión a la hora de comer, a veces miro las noticias y lo paso mal. La primera noticia suele ser chocante y parece servir claramente a la ideología de la cadena. No tarda en aparecer la opinión de clérigos, bioéticos y elementos del Partido Popular, hablando seriamente sobre las consecuencias de la noticia. Luego, un precioso ataque al PSOE, que no es el partido que salvará el mundo, ni mucho menos, pero el objetivo claro es poner sobre la mesa aquello que está haciendo mal. (Estaría mejor que nos enteraramos de que posibilidades se están brindando para que nos dieran opciones de movimiento, en vez de hacernos pensar que la única alternativa para el cambio es votar al Partido Popular e ir a misa los domingos.)
No mucho más tarde es cuando llegan las noticias de sucesos… Siempre llegan. Allí intentan convencer, basándose en relatos particulares, de los problemas más importantes en los que la sociedad se ve inmersa, todos relacionados con la violencia. Resumiendo: a parte de los casos de violencia de género, una auténtica lacra de nuestra sociedad, aparece la violencia que los inmigrantes y los grupos minoritarios, como si fueran la ponzoña del país, están provocando en nuestras calles. Entre todo esto, se toman bastante en serio recalcar que un Rumano, Marroquí o Gitano ha provocado un crimen. A veces el miedo se implanta de otra forma: el criminal era, según declaraciones de la vecina, un tipo muy normal que no parecía, para nada, que tuviera la semilla del mal revolviéndose en sus entrañas. En mi barrio todavía no han matado a nadie y debe ser porque no he mirado bien a ese tipo entre veinte y cincuenta años, que se pasea con pantalones vaqueros y camiseta, saluda amablemente y se comporta con naturalidad.
Unas veces desvirtúan los hechos, otras simplemente seleccionan lo que les conviene, para poder provocar miedo y odio en los telespectadores. El miedo nos llevará a buscar seguridad, que es lo que ofrece un partido de derechas, rígido y conservador. Para hacerlo, todo se tendría que quedar como “siempre” y, por supuesto, debería aumentar la policía en las calles para que todo se mantenga en “orden” (Fuerzas del orden). Dios castigaría a aquellos que se atrevan a romper las reglas y, porque el todopoderoso suele tener demasiado trabajo, el estado lo haría en su nombre. Da igual que las medidas fueran represivas contra aquellos que perturbarían “la paz” porque son escoria. La basura no merece vivir en nuestro país, donde todos somos puros, castos y buenos. De todas formas, a lo mejor me excedo a la hora de opinar al respecto y dejo entrever que siento odio sobre aquellas formas de manipulación mediática que tiene unificada a la derecha de nuestro país, en una lucha constante contra nosotros mismos. Sin embargo, sé que a la mitad de nosotros nos acabarían encerrando, ya sea por tener ideas propias, jugar a rol, escuchar música rock, ser ateos, tener prácticas homosexuales, usar el condón o querer detener las injusticias sociales. Por todo eso creo que tengo derecho a mis dos minutos de odio particular.
